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EL VALOR DE HACER PREGUNTAS

“…todo conocimiento comienza por la pregunta. Comienza
por que lo tú Paulo, llamas curiosidad. ¡Pero la curiosidad
es una pregunta!”

Freire & Faundez

A lo largo de la elaboración de este tercer número de ORAMA, me surgió un tema que se fue haciendo más insistente a medida que avanzábamos en el proceso, desde la recepción de los textos iniciales hasta sus versiones ajustadas de acuerdo con las valoraciones de un grupo de revisores: el valor de hacer preguntas.

Al imaginar el origen de cada uno de los textos de este número y los anteriores pensé ¿De dónde surgió la pregunta? ¿Quién se la hizo? ¿Cómo se definió la forma en que fue resuelta?

Al ser ORAMA un espacio pensado principalmente para que estudiantes de diferentes niveles educativos publiquen sus artículos, la reflexión por la pregunta me llevó de inmediato al contexto educativo, en donde los aprendizajes serán unos u otros según quién se hace las preguntas, quién planea el camino para llegar a las respuestas y, por supuesto, quién las responde.

Es decir, unos serán mis aprendizajes cuando ante una pregunta propia puedo establecer y recorrer una ruta para resolverla; otros cuando puedo trazar y recorrer el camino para resolver la pregunta que otro me ha planteado; y otros, muy diferentes, cuando me cuentan una pregunta y su respuesta.

Esto me llevó a Freire (1986), para quien la enseñanza, en ciertos casos desafortunadamente consiste en que los profesores lleven a los estudiantes respuestas a preguntas que no se han hecho; tener respuestas se concibe como una muestra de sabiduría y conocimiento; y quien destaca el valor de la pregunta y de la curiosidad para aprender y, por supuesto, para transformar el mundo. Por mi parte, he visto estudiantes desprovistos de habilidades para preguntar y he sentido el temor que les genera hacerlo porque preguntar es no saber y al parecer no saber tiene muy mala reputación.

Lo cual pone en evidencia que muchas veces se entiende el saber como un fin último y aparentemente absoluto, y no como un proceso.

En ese sentido, ciertas formas de educación han logrado que algunos estudiantes estén a la espera de que el profesor tenga, sepa y ofrezca la respuesta y no que les pida preguntarse o, al menos, trazar una ruta para descubrir la respuesta a la pregunta que se les ha traído.

Y, ¿qué tiene que ver esto con la revista? Mientras se armaba este número pensaba que cada uno de los artículos plasma preguntas y caminos que han seguido sus autores para buscar posibles respuestas.

El origen de cada proyecto, por el que me pregunté antes, pudo ser una pregunta propia de estos autores, de sus asesores o de alguien más que les propuso resolverlas. Seguramente recibieron orientación para llegar a la respuesta. Pero sin duda, se vincularon con una pregunta y vivieron un camino para resolverla.

Además, ahora, lo han plasmado en un texto, han podido contar a otros esta experiencia. Me complace pensar, que el contexto educativo, formal y no, de estos autores, los ha venido animando a preguntarse, a querer saber, a construir el conocimiento y a no quedarse solamente con las preguntas ni las respuestas de otros.

Desde ORAMA queremos destacar el valor de hacerse preguntas, invitar a hacerlas sin prejuicios ni temores, reconocer la importancia de trazarse rutas metodológicas para encontrarles respuesta y, especialmente, abrir un espacio para contarlo.

Esto último como una meta más, dado que este proceso de escritura favorece un proceso metacognitivo sobre la experiencia e implica nuevos retos sobre qué y cómo contar.

Aqui un interesante articulo de Norma Rocío Héndez Puerto, que se encuentra dentro de la revista Orama, la cual puedes directamente en:

http://iberociencias.org/